¿Uso o abuso de los dispositivos digitales? ¿Nos estamos perdiendo algo?

Esta mañana muy temprano leí un post en el que, como otras muchísimas veces, el autor, quizás inocentemente, caía en el habitual inquisitorialismo apocalíptico que surge cada vez que la sociedad experimenta un cambio radical en alguno de sus procesos. En este caso, además, se trataba de un tema que, de tan manoseado, luce desgastado como un vaquero de última moda (seguramente ya no lo sea, esto va muy rápido): el uso o abuso de los medios digitales para la comunicación entre las personas. En cristiano: que le chirriaba al hombre que la gente se pase el día tecleando en lugar de hablar entre sí. A ver, a mí si estamos en modo charleta de tarde de cañas me parece muy bien que cada uno opine lo que le dé la real pero de ahí a pretender sentar cátedra hay un abismo.

Señores, los tiempos cambian. Es inevitable. Adáptense ustedes o cállense o hagan lo que quieran menos intentar retroceder a la sociedad a otros tiempos pasados que siempre les parecen mejores a aquéllos que carecen de toda capacidad, ya no de aclimatación, sino de reconocimiento de lo mucho y bien preparados que están los que vienen detrás.

Si este señor que escribe cosas en internet antes de pontificar en contra de satánicos artilugios tales como móviles, tablets y ordenadores en general se hubiera molestado en buscar, no sé, no digo más, en Wikipedia el término “comunicación”, no se habría espantado tanto al comprender que esta no solo no se está perdiendo, sino que está alcanzando nuevas cotas de eficiencia en cuanto que medio de transmisión del conocimiento pero también en relación con la interconexión entre las personas, ergo, en humanización. Sí, no se me asusten: podemos crear una sociedad más humanizada a base de pasarnos el día tecleando. Como con todo lo nuevo, habrá que canalizar su potencial y, en vez de criminalizar los dispositivos por sistema, enseñar desde los primeros años de escolarización a utilizar toda su capacidad convenientemente; y eso es mucho más que enseñar a buscar algo en Google. Mucho más. Claro que para eso se necesitan educadores con un nivel de conocimiento de las TIC que vaya más allá de la mera alfabetización y darle a estas el mismo valor pedagógico que a las otras asignaturas troncales, o bien que pase a formar parte de una distinta que trate de la comunicación y que incluya a las lenguas (¡uy lo que he dicho!).

Quizás lo que quiero decir se entienda mejor con un ejemplo. Se trata de una vivencia personal, además. A todo esto quiero reseñar que traspasé la barrera de los 50 hace tiempo, – así que no me vengan con que son cosas de esta juventud desarraigada, apática e irreverente -, que llevo usando las redes sociales desde que aparecieron y que antes que ellas recurría a diario al IRC (el famoso “chat”); por cuestiones que no vienen al caso, mi interés por el mundo digital siempre fue considerable aunque no haya alcanzado un nivel de profundización como para dedicarme a ello ni muchísimo menos. Soy un mero usuario convencido.

Pues bien, tengo unos cuantos amigos muy amigos, algunos de los cuales, – por cuestiones de distancia, de horarios o de lo que sea -, no he conocido personalmente a pesar de llevar de 8 a 10 años comunicándonos a diario. El grado de conocimiento de esas personas, de sus inquietudes, problemas, sucesos en sus vidas, valores, gustos, etc. es, con todo, mayor que el que tengo de la inmensa mayoría de los amigos que he conocido, digamos, analógicamente y a través de canales convencionales, incluso mayor que el que tengo de muchos familiares. Quiero decir con ello que no solo la interacción física no es más eficaz per se, porque no garantiza que llegues a profundizar en el conocimiento del otro, sino que la calidad de dicha interacción es independiente del canal a través del cual se produzca y depende de otros factores como la afinidad o la empatía. Que yo hubiera sido presentado en persona a estos amigos no me habría garantizado el conocerlos mejor, de la misma forma que el hecho de que solo los conozca a través de la red no revierte en una interconexión superficial o falseada. ¿Que se limitan aspectos como la comunicación no verbal? Depende. Primero porque hay una cosa que se llama videoconferencia, segundo porque la comunidad de usuarios ha desarrollado medios para traducir esa comunicación no verbal a imágenes equivalentes con significados conocidos por todos los que la integran (es tan razonable que un natural de Redondela desconozca los códigos no verbales de los Aimaras como que un no iniciado en la comunicación a través de internet ignore el significado que cada emoticono tiene en realidad más allá de lo aparente), y tercero porque aún en el caso de que salgamos perdiendo en gestualidad lo compensamos con creces en la calidad y grado de profundización en la comunicación verbal escrita. No es nada nuevo afirmar que la gente tiende a ser más extrovertida desde su terminal que cara a cara.

Pero bueno, es lo que toca sufrir. Hoy los tiempos cambian que es una barbaridad, decía Don Hilarión y siempre hay alguien con una antorcha a mano dispuesto a encender la hoguera de turno y liar un Fahrenheit 451 a base de móviles, tablets, portátiles y todo lo que se le parezca. Señores y señoras espantados con el futuro que le espera a esta juventud desarraigada que solo sabe hacer tiquitiqui con el teléfono todo el día: relájense, observen, muy importante: aprendan, y aprovechen su experiencia existencial para ayudar a canalizar todo esto, que es ya imparable, para que sirva para construir una sociedad mejor, más justa, más informada, más libre. Digo yo.

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